Soneto en Viernes Santo

No la Madera simple ni la espina.

No tan sólo la sangre y el lamento.

No sólo la cabeza que se inclina.

No la sombra en la tierra y en el viento.

No el lánguido fervor del sentimiento,

ni tampoco el dolor que me ilumina.

No el reproche del sol, que ya presiento.

Ni tampoco el clamor que se adivina.

Una fuerza de adentro me convoca

al Misterio de Muerte. Y es la Roca

perdurable perfil de mi semana,

Cuando entiendo que el fin de su Agonía,

no es morirse de a poco sólo un día

sino resucitar cada mañana.