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Reseña
biográfica
de la Escritora
Alicia Rosell,
periodista,
agente literario,
promotora cultural,
perito mercantil.
En ocasiones,
pintora. He
creado y dirijo
"LA VOZ
DE LA PALABRA
ESCRITA INTERNACIONAL",
plataforma multicultural
y Club Internacional
de Literatura,
Periodismo,
Comunicaciones
y Bellas Artes.
Creadora y conductora
del programa
radial "Hispanorama
Literario",
así como
de la Revista
del mismo nombre.
Para saber más
de mi, entrar
a mi perfil
en XING o a
mi página
en LA VOZ DE
LA PALABRA ESCRITA:
http://hispanoramaliterario2.ning.com/profile/AliciaRosell
DIVAGANDO
ENTRE SUEÑOS
- Avatares de
una escritora
-
"Algo debe
de tener la
noche, ya bien
entrada la madrugada,
cuando las ganas
de escribir
me apremian
con el mismo
ímpetu
de una locura
de amor a punto
de ser cometida.
A veces, es
un relato; otras,
un capítulo
inconcluso de
mi novela ¡postergada
siempre! Normalmente,
opto por escribir
pensamientos,
filosofeo conmigo
misma -esto
será
igual que pensar-,
o hago propósitos
de enmienda.
Suelo escribir
a lápiz,
en cualquier
parte. Tengo
anotaciones
hechas por doquier,
de títulos
para relatos,
títulos
para novelas,
frases sueltas,
palabras raras,
esbozos de historias
y anécdotas,
en mil y un
proyectos plasmados.
En ocasiones,
escribo hasta
que al lápiz
se le desgasta
la mina, que
son las más
de las veces.
No suelo llevarme
el sacapuntas
para no proseguir
hasta el alba.
Cuando abandono,
mecida entre
sueños,
la ciencia infusa
me colma de
ideas buenas;
yo barrunto,
entonces, mascullo
fastidiada por
el inoportuno
instante del
asalto.
-¡Diablos,
cuánto
daría
por encender
la luz de mi
pequeña
'lecto-linterna',
y anotar con
urgencia todo
lo que tengo
ahora mismo
en la cabeza.
Es un 'estado-delirium'
de semi-inconsciencia
el que me sume
casi en el sonambulismo,
¿será
por eso que
dicen que los
escritores tenemos
ojeras? De todo
habrá,
creo yo. Pero
si me muevo,
despierto a
los demás
habitantes de
mi casa. Definitivamente;
yo me aguanto...
no me muevo
aunque tenga
diarrea de palabras.
¿O será
simple verborrea?
Debo plantearme
irme a escribir
a una cabaña
en medio del
monte, pero
a saber cuándo
tendré
valor para hacerlo
sin tener que
anteponer la
defensa de mi
derecho a pernoctar
sin ser molestada.
Quizá
es por eso que
me compré
una mini grabadora:
para tenerla
siempre junto
a mí,
en el segundo
cajón
de mi mesita,
bien a mano.
Lástima
que me pille
por la izquierda,
pues yo soy
diestra. Debo,
pues, retorcerme
en un movimiento
extraño
porque la mayoría
de las veces
no tengo fuerzas
para agarrarla,
pulsar el 'play'
y dictar mis
largas diatribas.
Ese aparatejo
lo uso mucho
más durante
el día.
Pero al final,
el trabajo se
duplica. Tengo
que volver a
escuchar lo
grabado y pasarlo
al ordenador,
palabra por
palabra. Es
por eso que
-de no ser por
causa de fuerza
mayor-, la grabadora
la utilizo las
menos de las
veces, mientras
que el lápiz
y los papeles,
los porto a
todas horas.
Durante el día
voy anotando
'cosillas'.
Salta la 'chispa'
con cualquier
noticia, mientras
cocino y veo
la televisión.
Ríanse
ahora: mis ratos
en el 'WC' suelen
ser fructíferos
doblemente.
Muchos de mis
mejores textos
-que guardo
para futuros
concursos o
futuros libros-
salieron de
allí
con la grácil
expresión
reflejada en
su caligrafía,
causa y motivo
de las circunstancias
en que fueron
concebidas.
Antes, en ese
'trono', leía,
largo y tendido.
Ahora, además,
también
escribo.
Les diré
otro secreto,
ahora que hablo
entre sueños:
Es el espacio
de mi casa donde
reina mayor
silencio. La
paz allí
es tan grande
que me pondría
el escritorio
sin pensarlo,
pues gracias
al cielo, el
baño
es idóneo
en cuanto a
medidas.
Ya me imagino
diciéndole
al técnico
de Euskaltel
(Compañía
de Internet):
-Quiero que
me echen los
cables del ADSL
(banda ancha
de Internet,
para los profanos)
por aquí,
ya que de este
enchufe sacaré
un alargador
con ocho tomas.
Necesito montarme
aquí
mi 'despachito',
es que la terraza
no me sirve,
¿sabes?
Y al chico de
la empresa -suelen
ser muy jóvenes-,
cuando me diga
perplejo:
-Sra. ¿Se
ha dado Ud.
cuenta que esto
es un cuarto
de baño?
Hermoso, pero
es un baño,
y para colmo
¡sin ventanas!
-¡Bah,
no te preocupes,
muchacho, que
para una urgencia
está
el aseo! -me
imagino que
se lo diré
haciéndome
la tonta-. Sólo
que no tengo
aseo. Esta verdad
irrefutable
me deja perpleja
saliendo de
mis propios
labios.
La tonta, digo;
porque sé
que si con dos
baños
no damos abasto,
no sé
cómo
me planteo eliminar
uno para convertirlo
en despacho.
Me froto las
manos pensando
en la escena,
visualizo todo
con deleite,
pero cuando
regreso a la
realidad me
percato del
poco espacio
del que dispondré
para mi biblioteca
particular,
que aumenta
por días
y por horas
a una velocidad
de vértigo.
Lástima
que no crezcan
también
las horas para
leer todos los
volúmenes
que acaparo...
Pues esto se
acaba. Confidencias
aparte, el lápiz
ya no 'pinta',
como decía
mi abuelo. Lectores;
este escrito
se ha fraguado
en mi cama,
sentada y recostada
contra dos almohadas,
con el cuaderno
apoyado sobre
mis rodillas
para ejercer
de pupitre...
y con la ayuda
de varios libros
de la 'editorial
Cátedra'
sobre mis piernas
y bajo el cuaderno:
'El comentario
lingüístico',
de Francisco
Marcos Marín;
'Introducción
a la Lingüística',
de Bertil Malmberg,
y la 'Introducción
a 'Los Estudios
Literarios',
de Rafael Lapesa.
Me asusto cuando
miro las fechas
-siempre las
escribo nada
más comprarlos
en la página
anterior al
prólogo-
¡Horror:
enero de 1984!
Deberían
ser relecturas,
-me critico
en voz alta-,
pero a pesar
de todo no se
me congela la
sangre y refunfuño
tal como lo
haría
el técnico
de Euskaltel
si le dijera
las intenciones
soterradas que
mi loca cabeza
barrunta. Él,
de seguro, me
diría
sin escrúpulos:
-Sra. Ud. no
se da cuenta
que estos libros
llevan mucho
tiempo sin ser
ojeados? Tienen
polvo para llenar
un tarro. -La
impertinencia
tendría
que perdonársela
porque me apuraría
preguntarle
si se refiere
a 'ojeados'
de mirados u
'hojeados' de
pasar las hojas.
¡Ay, así
son las cosas
cuando el verbo
no va impreso!
¿Lenguaje
oral a mí?
Que me dejen
mis grafías,
pues corro el
peligro de despertar
al hijo de mis
entrañas,
la perra que
siempre dormita
con un ojo abierto
y el otro cerrado
presta a lanzar
sus ladridos,
y los vecinos
-de arriba o
debajo- cuando
lance un sonoro,
"¡Ay
de mí!"
con tal de no
mandar al diablo
al instalador
de telecomunicaciones
por tan osada
pregunta. Amén
de llamarme
sucia, por lo
del polvo, me
digo...
Sin más,
dejo el lápiz.
Ya me marcó
su pauta esta
noche, se le
acabó
la punta. Roma
y extinta me
deja con la
palabra en la
'boca', digo...
en el 'tintero'.
Aparto el cuaderno
y me dispongo
a 'ojear' los
libros hasta
que el sueño
me venza.
...Que mañana
será
otro día.
Hace tres horas
y media que
lo es, pero
me gusta engañarme
con el tiempo.
Mañana,
o sea, luego,
habré
dormido cinco
horas, -con
calidad serán
tres-, y vuelta
a empezar.
Pasaré
la mañana
como una zombi,
sobreviviendo
con los cafés
a la rutina
diaria.
Divina rutina
ésta
que me alegra
la vida. Será
por eso que
prefiero los
días
no festivos.
¿Porque
dan más
de sí?
Luego, cuando
llegue la noche,
colmaré
mi hambre de
palabras con
un festín
de letras, y
mi sueño
acumulado remolcará
mi inspiración
por variopintas
sendas de lucidez
o estupidez,
según
sea el contexto
de palabras
que lo arrostre
[...]
"Aquí
queda esto.
¿Quién
dice que segundas
partes nunca
fueron buenas?"
.....
Alicia Rosell,
(Haciendo de
la batalla,
'puritita' risa)
(Alicia Rosell©
2006, para el
recopilatorio
"Divagando
entre sueños")



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