Plegaria

La dulzura en mi alma está en la sonrisa
y el frescor de mi vida, cuando corre la brisa.

Lo que yo no comprendo es que un corazón latiente
que ha vivido tan triste, se lo lleve la muerte.

He mirado hacia el cielo preguntando al Señor,
¿por qué te lo has llevado, si le diste amor?

¿Por qué me pusiste a vivir en esta tierra.
Si mi corazón es triste, semejante al de ella?

Veo tantos niños con sus manos con sangre
buscando en la basura, casi muertos de hambre.

Yo vivo en tu gracia, bien sé que es ajena,
¿Qué impide a la lluvia caer sobre la arena?

Te pregunto, Señor, ¿porqué hay flores de luto?
¿Cómo hay árboles que nacen y jamás tienen frutos?

Camino los senderos buscando la verdad,
sólo encuentro mentiras y también falsedad.

Señor... dame fe en ésta senda larga.
Los caminos son largos y mis penas amargas...

Donde comienza la eternidad

(Un Poema para tí, Ana Maria)

Siento cuando sueño, cómo era ella,

como luz intensa claridad cercana.

Un rubí que brilla cual ardiente flama

cuando me despierto me quema su llama.

Es como un jardín, pero diferente.

Los ojos le brillan, con ardor de flama.

Nace de su pecho, cual una corriente,

en sueño de éxtasis, como llamaradas.

Sueño que envejezco. ¡ Oh... cruel ultraje!

Sonrío, aunque insatisfecho.

Me tiende la mano para un largo viaje,

como el que se mira tendido en su lecho.

No me agrada el sueño, pero es sueño mío.

Estando cercana, nunca estuvo ausente,

como la corriente perdida en el río,

donde nace el olvido y se pierde el presente.