Tu amor me hace vivir
Hoy he abierto los ojos,
he contemplado tu rostro,
¡No te veo!,
pero te siento,
latente, lleno de vida, a mi lado.
¡Buenos días!, mi amor,
¡Cuánto daría por tenerte aquí,!
mirar el rostro tan amado,
lleno de dulzura y frenesí.
Estrechar tu cuerpo contra el mío,
murmurando palabras de amor,
diciendo llena de gozo:
¡Qué bello despertar, Señor!.
¿Sabes Grego?
Me siento nueva,
mi espíritu está lleno,
ansiando y recordando tu amor.
Te estuve contemplando antes de marcharte,
te estuve mirando, te estuve amando,
¡Sí amando intensamente!
Ese rostro tan divino,
perfecto, humano, tan humilde, tan sencillo.
Tus ojos luminosos, se volvieron a mirarme
Me contemplabas ilusionado,
tu rostro sonrió y viniste a acariciarme.
me amaste con ternura,
bello, intenso, pleno enamorado.
Tienes los ojos verdes,
como dos gotas de esmeraldas,
son dos estrellas en una mañana,
se despiertan en un mar lleno de calma.
Quisiera clavarme en el alma,
esos dos luceros que me radian,
quisiera morirme amándolos
cuando al final mi hora llegara.
Quisiera que esos dos ojos verdes,
nunca dejaran de mirarme,
contemplándome continuamente en ellos
como si fueran dos rayos solares.

¡Te echo tanto de menos!
Para ti "Querida Chica".
Nuestro caminar hacia el mar
¡Cuantos días y años bajaste conmigo este sendero!
Caminabas a mi lado, me mirabas, yo te hablaba,
notaba tu cansancio, te cogía en mis brazos,
y las dos juntas, compartíamos este universo.
Soportases mis lágrimas,
sufrimientos, mis silencios,
dándome a cambio tu entereza,
tu presencia, tu cariño tan intenso.
¡Ten cuidado, Chica!
No te vayas a caer,
¡Ven aquí, a mí lado!
Para que te pueda proteger.
Y presurosa, tu venías,
a mi vera otra vez,
para poder las dos juntas,
terminar el sendero al atardecer.
Fuiste mi hijita querida,
donde yo volqué mi desesperación,
aquella que no arrancaba de mi pecho,
los puñales de tanto desamor.
Sentábamos, siempre en la misma roca,
tu a mi lado, mirando nuestro mar,
más al fondo, rocas negras erosionadas,
con las aguas que venían y luego se van.
Sonidos bravos, dulces a nuestros oídos,
ni la mejor sintonía,
compuesta por los Maestros,
llenaban nuestro espíritu tan hambriento.
Las dos formábamos un dúo perfecto,
tu sedienta de mis caricias,
yo ansiando alcanzar tener a mi lado
el amor tanto soñado.
Y aquí estoy de nuevo, sentada en el mismo lugar,
contemplando la inmensidad del mar,
pero esta vez llorando amargamente,
deseando tener como siempre,
tu ternura, tu mirada, tu consuelo.
Pero, cariño mío,
a mi lado, en presencia,
Ya no estás.