Hablo de un Bohemio, nacido en Bruselas, al cual atrapó nuestro país y su literatura. Tal como El lo dijera, estamos tomados todos por una realidad, invadidos por los que nos rodean. Tomados, como "La Casa Tomada”, como Serapio en su “Rayuela”. No es simple la realidad, la luna nos mira y las baldosas nos hablan.
Todo tiene dos caras, hasta nuestra sombra tiene un reverso.
Su fantasía y revelación de dos mundos diferentes y nuevos, enriquecen su vida.
Su obra desborda las típicas categorías y géneros; tanto en sus poemas, relatos, cuentos o grandes novelas. Por su refinamiento dentro del mundo literario, se lo destaca sobriamente.
Fue una figura que brilló con Luz Propia y brilla aún por siempre en todo presente y futuro; para todo aquel que sepa valorar Su Vida y Su Obra.
Esa luz no se apagará jamás en nuestros corazones de Escritores o Lectores, apasionados por ver el más allá de las cosas que nos rodean.
Su paso por el Mundo seguirá latente despertando nuevas Vetas al arte de escribir.
Fue el Guía, nos hizo entrever las Puertas de Un Cielo, que todos llevamos dentro.
©Ana María Zacagnino